Traducción de María Aguirre. Read this story in English. 

Israel Vazquez Diaz conoce el café. Alrededor de los 7 años, empezó a cosechar cerezas de café con su padre en su finca, situada en las tierras altas del noroeste de Guatemala.

Cincuenta y cuatro años después, Vazquez Diaz, conocido como don Israel, sigue cultivando esta cosecha en la misma tierra. Su trabajo es demandante, pero es lo que ama hacer. 

“Con el café, hay que trabajarlo desde que se corta desde la mata”, dijo. “Hay que tratarlo, hay que lavarlo, hay que digamos, ‘acarrearlo’, para donde se va a secar el café y luego a diario hay que sacarlo al sol. Y luego también para venderlo de aquí, [hay que transportarlo]”. 

Don Israel vende su café orgánico a través de su membresía con ASOBAGRI (la Asociación Barillense de Agricultores), una cooperativa comprometida con alrededor de 1,900 productores de café de menor escala en Guatemala. 

Estos días, con los precios del café experimentando grandes fluctuaciones, un clima cambiante y la creciente presión de plagas y enfermedades de las plantas, se ha hecho más difícil generar ingreso cultivando café orgánico. Algunos agricultores dicen que una asistencia técnica, incluyendo un mejor entendimiento del suelo, podría ayudar. 

En 2022, a través de su asociación con ASOBAGRI, don Israel obtuvo esa oportunidad. Él fue uno de los casi 60 productores de café orgánico en México y Guatemala, que participaron en un estudio de análisis de suelos dirigido por investigadores de la Universidad de Vermont (UVM), Ernesto Mendez y Joshua Faulkner, con fondos del Programa del Catalyst Award del Instituto Gund para el Medio Ambiente. El equipo investigativo trabajó con aliados de confianza en la región, incluyendo ASOBAGRI y la cooperativa CESMACH (Campesinos Ecológicos de la Sierra Madre de Chiapas) en México. 

Six men in jeans and t-shirts look at papers together.
Los caficultores y participantes en el proyecto Gund Catalyst discuten los resultados de sus evaluaciones integrales en 2023. 

Además de estudiar las propiedades estándar del suelo como composición de nutrientes, pH, materia orgánica y textura, los investigadores también ampliaron su alcance para incluir indicadores clave de la salud del suelo, como el carbono activo, la materia orgánica particulada, la densidad aparente y la composición de las comunidades de macrofauna del suelo. El equipo recibió apoyo del Dr. Steven Vanek y del Dr. Steven Fonte de Colorado State University, que han compilado estos métodos en un kit de herramientas para la Evaluación de la Salud del Suelo en pequeñas explotaciones agrícolas.

El estudio también adoptó un enfoque de Investigación-Acción Participativa. Fue diseñado para involucrar al personal técnico de las cooperativas en recolección de datos y muestras, análisis de muestras de suelo, y la interpretación de los descubrimientos en recomendaciones personalizadas para agricultores que no requieren capacitación extensiva, equipos sofisticados, o una inversión en servicios que supone un gasto exagerado.

Two women holding test tubes stand around a table.
Miembros del personal técnico de ASOBAGRI realizando el análisis colorimétrico in situ del carbono activo del suelo.

La investigación ayudó a llenar una brecha. Los agricultores de menor escala en México y Guatemala no tienen acceso a programas públicos de extensión agrícola y el costo de la prueba de suelos suele ser inalcanzable. Una prueba estándar de suelo es el doble de costosa en Guatemala, y cuatro veces más costosa en México en comparación con lo que cobra UVM. Esto no considera la notoria disparidad en los ingresos disponibles de los productores guatemaltecos en comparación con los agricultores y jardineros de Vermont.

Para don Israel, el análisis de suelo y la asistencia técnica posterior que él recibió de ASOBAGRI han influenciado fundamentalmente en cómo realiza su trabajo. Él ahora usa más fertilizantes orgánicos y construye y mantiene terrazas agrícolas alrededor de sus plantas de café recién plantadas, como medida de conservación del suelo.

“Yo vi que hubo bastante cambio”, dijo. “Es un avance tener profesionales con nosotros, a veces nosotros los campesinos trabajamos a nuestro modo y a veces no logramos hacer la producción mejor”. 

Algunos de los resultados de las pruebas de suelo pusieron en duda las suposiciones que tanto los agricultores como las cooperativas tenían sobre el cultivo de café en la región.

Por ejemplo, los resultados demuestran que algunas parcelas de terreno no estaban tan ácidas como se pensaba anteriormente, cuestionando una recomendación que se suele hacer a los productores de las zonas tropicales de aplicar cal para elevar el pH de sus suelos. 

Otras parcelas mostraron altos niveles de materia orgánica, lo que animó a algunos agricultores a probar nuevos fertilizantes líquidos, que son más fáciles de manejar y aplicar que el compost. 

“Si bien es muy valioso entrelazar diferentes formas de conocimiento, a los agricultores parece gustarles que estemos teniendo discusiones basadas en mediciones y datos cuantitativo”, dijo en inglés Andrew Gerlicz, un candidato de PhD en Agricultura, Paisajismo y Medio Ambiente de UVM, y un becario de posgrado de Gund que se incorporó al proyecto en 2022.

A man in a blue t-shirt stands in the middle of a lush green environment.
 Andrew Gerlicz en una hilera de plantas jóvenes de café rodeadas de frijol de espada.

“Tienen curiosidad sobre lo que estos métodos revelan sobre las condiciones de sus propias fincas, y al involucrarnos a ellos y al personal técnico cooperativo en un proceso similar a la extensión agrícola, construido en torno a la curiosidad, la experimentación y la resolución de problemas —en lugar de simplemente promover a ciegas cualquier nueva técnica o iniciativa que los actores externos hayan adoptado— ha sido un cambio y un resultado importante del proyecto Catalyst,” dijo. “Definitivamente nos ha permitido hacer una mejor investigación”. 

Post Catalyst Award

El Proyecto Catalyst terminó en 2024, pero llamó la atención de Catholic Relief Services (CRS), una organización humanitaria internacional. El grupo empezó a asociarse con ASOBAGRI en 2024 para implementar la Iniciativa Horizontes, un esfuerzo de diez años y de múltiples vertientes para impulsar el uso de prácticas agrícolas regenerativas en la región.

El director del programa escuchó sobre la investigación del suelo y pidió una reunión con Gerlicz, quien ahora vive a tiempo completo en México. 

“Se hizo el primer contacto y pues se tuvieron muy buenas impresiones de que sí era posible coordinar algún tipo de este trabajo…principalmente en café”, dijo Wilvy Reyes, un especialista en agricultura regenerativa con CRS que trabaja con la Iniciativa Horizontes.

A man taking a selfie of three people sitting on a green hill with a sign.
El especialista en agricultura regenerativa Wilvy Reyes y miembros del equipo de ASOBAGRI visitaron uno de los sitios experimentales en Babel Eltzap.

CRS acordó brindar tres años de fondos para investigar el uso de cultivos de cobertura en parcelas de café recién replantadas, con el fin de reducir la pérdida de suelo, acumular materia orgánica y mejorar la estructura del suelo.  

La replantación de cafetales, a veces denominada renovaciones, ha sido una práctica común entre los caficultores a raíz de las pérdidas ocasionadas por el brote de roya del cafeto hace más de una década.

Los agricultores reemplazaron los árboles de café antiguos y poco productivos con nuevas plántulas, lo cual mejoró los rendimientos y los ingresos. Pero también dejó las parcelas empinadas más expuestas. Con los árboles de café ya retirados, la mayoría de la sombra desaparece, y los agricultores suelen también podar el dosel más alto, dejando el suelo vulnerable a las lluvias intensas y a la erosión.

Aquella ventana antes de que las nuevas plantas de café se llenen también ofrece una oportunidad. Los agricultores pueden plantar cultivos de cobertura que atraen los nutrientes de regreso al suelo, aflojan el suelo compactado y forman una barrera natural similar a una terraza que ralentiza el agua de lluvia a medida que desciende por la pendiente.

Se están probando cuatro cultivos: camote, pasto vetiver y dos leguminosas: frijol de espada (jack bean) y gandul (pigeon pea). Hasta ahora, Gerlicz está trabajando con seis granjas, con más en camino. Los agricultores que participan activamente coadministran las parcelas experimentales con un pago mensual pequeño para cubrir costos de mano de obra.

CRS no tiene una rama investigativa, por lo cual aliarse con UVM y ASOBAGRI es muy valioso, dijo Reyes. 

“Vemos los efectos que tienen los cultivos de cobertura en el suelo, y el agricultor también los ve, pero falta más una información científica que diga que estos son los resultados medibles que pueden ser replicables y que pueden garantizar que los cultivos de cobertura tengan un efecto en el suelo y que posteriormente, tengan efectos en la mejora de la producción”, dijo él. 

Con la evidencia, él espera que más agricultores adopten los cultivos de cobertura, lo cual mejorará la salud del suelo, y brindará mejores cosechas y más ingresos a los agricultores.

Francisco Sebastian Leon es un técnico con ASOBAGRI. Él ofrece asesoría y asistencia a productores. Él también es agricultor y está participando en el experimento de los cultivos de cobertura. Él dijo que las parcelas donde se ubican los cultivos de cobertura estaban muy compactas; la tierra era estéril.

“Antes el suelo siempre se veía infértil y ahora ya hay mucha humedad y también hay muchas hojarascas y todo eso”, dijo él. “La canavalia deja muchas hojas, y sus raíces son muy profundas, y eso es lo que he visto ahí dentro de la parcela de experimento”. 

Don Israel es otro participante en el actual experimento. Después de pasar horas juntos durante el curso de los últimos años, él dice que Gerlicz se ha convertido en un amigo. Su confianza en el joven investigador fue una de las razones por las que quiso participar en el segundo experimento. 

A group photo in front of a forested background.
Don Israel (derecha), miembros del equipo técnico de ASOBAGRI, y otros en una visita para preparar las parcelas experimentales, tomar las medidas y muestras iniciales, y plantar los cultivos de cobertura en 2025.  

Aún siguen en la etapa inicial, pero él, nuevamente, está impresionado.

“Hay lugares donde el terreno es rojo, está muy duro y ya con estas siembras, pues digamos que ese suelo ya va más blandito, más frágil”, dijo. “Y entonces vemos que sí hay más superación en cuanto a lo que es el terreno, también [hay más] animalitos que [viven en] el suelo — todo esto es un beneficio para la planta como para el suelo”. 

Y él espera que esto ayude a los agricultores en todo Guatemala.

“Lo que yo quiero es que yo sepa dentro de mi trabajo, lo que estoy haciendo … Y no solo lo mío, también lo que yo quiero es que los otros compañeros míos … tengan esta misma práctica que estamos haciendo aquí”, agregó. “Para que también se sientan ellos de lo mejor, que trabajen sus producciones en la parcela que cada uno de ellos tiene y así ver que tienen mejor producción”. 

Los participantes del Catalyst Award incluyen: Ernesto Mendez, profesor de Agroecología y Estudios Ambientales de la Facultad de Agricultura y Ciencias de la Vida de UVM, codirector del Instituto de Agroecología y parte del cuerpo docente de Gund; Josh Faulkner, profesor asociado de investigación con UVM Extension, director del Laboratorio de Pruebas Agrícolas y Ambientales, director del Centro para la Agricultura Sostenible de la UVM y parte del cuerpo docente de Gund; Andrew Gerlicz, un estudiante de PhD en Agricultura, Paisajismo y Medio Ambiente de UVM, y un becario de posgrado de Gund; Alejandra Guzman Luna, Universidad Veracruzana; Mareli Dominguez Gomez, Ines Perez Gomez y Rosa Lopez Valentin con la cooperativa de café CESMACH; y Hanory Lopez, Crisbel Tejax, Julio Lopez y Cesar del Valle con la cooperativa de café ASOBAGRI.