Introducción y Lecturas

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Cualquier producción económica requiere productos ecosistémicos o los materiales sin procesar que provee la naturaleza. Estos materiales son, simultáneamente, elementos de la estructura de los ecosistemas, o análogamente, ‘los ladrillos del edificio de los ecosistemas’. Estructura genera función, por lo que, la conversión de estructuras ecosistemicas a un producto comercial degradara invariablemente las funciones ecosistemicas. En general, todo lo que la economía produce y es usado acaba retornando fatalmente a los ecosistemas como basura la que ira así, degradando las funciones de los mismos ecosistemas. Las funciones ecosistémicas que sustentan el bienestar humano son definidas como servicios ecosistémicos o ambientales. Estas incluyen un sinnúmero de funciones de manutención de la vida que, de por si, sustentan nuestra civilización. El problema es que la mayoría de los servicios ecosistémicos son “no excluyentes”, o sea, que nadie puede impedir que alguien se beneficie de los servicios. Son tambien “no rivales”, lo que significa que por mas que una persona disfrute de los servicios no impide que otros lo disfruten. Sin embargo, existe muy poco incentivo de mercado para proveerlo. En contraste a ello, la mayoría de los productos de ecosistémicos son rivales y excluyentes pudiendo ser comercializados. Como resultado, el mercado demuestra un constante prejuicio a favor de cosechar la estructura de los ecosistemas para la producción de servicios. Como ejemplo concreto, los servicios de ecosistemas provenientes de la selva tropical húmeda han sido valuados en mas de $ 2006 por hectárea por año (Costanza et al., 1997), mientras que la conversión de esta en madera y pasturas genera escasos $ 27 por hectárea por año (Almeida and Uhl, 1995). Mientras tanto, el campesino puede recoger los beneficios de la conversión y compartir los beneficios de la preservación con el resto de la sociedad asegurando así, esa conversión a menos que algo sea hecho.

Para describir el sistemático prejuicio por parte del mercado, ecólogos, ecónomos, agentes y la comunidad de negocios han estado trabajando en conjunto para crear formas de pago para la provisión de servicios ambientales. En Costa Rica, el gobierno compensa a los finqueros por la reforestación y conservación en consideración por el suministro de agua, biodiversidad, ecoturismo y remoción de carbono de la atmósfera a través de los bosques (Pagiola, 2002). La compañía de aguas de la ciudad de Nueva York le paga a campesinos que residen en la zona alta de la cuenca para que mantengan los cauces de agua forestados alrededor para así asegurar la cantidad y calidad del producto (Chichilnisky and Heal, 1998). También en los Estados Unidos el gobierno ha topeado los niveles de emisión de dióxido sulfúrico y ha asignado cuotas individuales a los que contaminan. En Brasil, Paraná y otros Estados devuelven impuestos los municipios se destaquen en la mantención y mejora de los servicios ambientales.