Tina Escaja, zamorana, poeta galardonada y profesora de español en la Universidad de Vermont, EE UU: «Hay clásicos pésimos, pero se elogian y... estudian»

«La historia de la literatura está arbitrada por intereses varios, tendencias, modas y políticas diversas»

Jesús Hernández


Es zamorana, profesora de español en la Universidad de Vermont (EE UU) y, además, autora del poemario "Caída Libre", que obtuvo a finales del pasado año el Premio Hispanoamericano de Poesía "Dulce María Loynaz", otorgado por el Gobierno de Canarias. Tina Escaja presentará su libro -el jurado se deshacía en elogios- el día 12 del próximo mes en la madrileña Casa de América, acompañada por destacados escritores. La poeta, crítico, novelista y ensayista analiza su obra y habla de literatura y creación: clásicos y cibernéticos, desarraigos e identidades, el Instituto Cervantes y la cultura española en Norteamérica, hispanistas semi-analfabetos y tópicos... Palabra, además, directa, acerada.


- Tina Escaja nace en Zamora, estudia en la Universidad Central de Barcelona y? ¿Y cómo fue a dar a EE UU?
- Eso es parte del sentimiento profundo de desarraigo que he llegado a sentir al crecer lejos de mi tierra. Estudiar Letras en Salamanca siempre fue una obsesión emperrada desde mi niñez, sin cauce posible. El cauce vino por otras vías: una beca para estudiar en EE UU en 1988, y un año más tarde otra beca para hacer el doctorado en la Universidad de Pennsylvania, en Filadelfia. A punto de acabar la tesis me contrató la Universidad de Vermont.

- Dicen, quienes han leído "Caída Libre", que la fuerza en el lenguaje caracteriza su poesía. Hablan de un léxico acerado, realista y bello. ¿La han entendido bien?
- A lo mejor. Yo me dejo. No sé hacer crítica de mi propio trabajo. De hecho, lo que una aprende enseñando es que no hay un criterio único ni una única forma de entender. Lo que se comenta sobre "Caída Libre" indudablemente me anima a seguir escribiendo. Pero no tengo un lenguaje intencionado, aunque procuro la belleza, si bien es verdad que también busco arañar un tanto, coger desprevenido, romper expectativas, inquietar.

- El punto de partida no puede ser más llamativo: el proceso de un embarazo? desde el que se llega a la recreación de la caída de las Torres Gemelas. ¿Lo íntimo es lo más parecido a lo épico?
- Lo épico y lo íntimo van de la mano. No distingo. No creo en jerarquías. El embarazo y el parto es un proceso de exaltación y angustia con raros equivalentes. La ansiedad colectiva del final de milenio que se palpaba en Manhattan cuando nació mi hija Alexandra se produjo paralela a mi propio proceso de ansiedad y expectativas encontradas. La coincidencia brutal aconteció el once de septiembre de 2001, una épica de intimidad global, colectiva.

- Su labor crítica se ha centrado, sobre todo, en autores españoles e hispanoamericanos. ¿Los poetas contemporáneos que están en la red le interesan tanto como los clásicos?

- Ultimamente me interesan más las propuestas en la red. Se están haciendo cosas muy atractivas en Internet, en una línea que no deja de ser clásica en su afán de experimentación. Asistimos a una nueva vanguardia, a una recreación móvil de la poesía concreta, de los caligramas de los años veinte. Son nuevos medios y nuevos retos que enriquecen las posibilidades de la expresión literaria.

- Entre los clásicos, ¿hay buenos, regulares... y de los otros?

- Entre los clásicos hay gente pésima, pero se siguen estudiando y hasta elogiando muchas veces por inercia y obediencia acrítica. La historia de la literatura es una historia arbitrada por intereses varios, por tendencias y modas, por políticas diversas. Hay gente muy buena que no está en el canon y al revés. Destaco, por ejemplo, el trabajo magnífico de una autora que hasta hace poco permanecía injustamente en la oscuridad del movimiento modernista hispanoamericano, y a quien he dedicado algunos trabajos: la uruguaya Delmira Agustini.

- Nadie se podía imaginar que la profesora, novelista, poeta y ensayista zamorana... era la autora de tres canciones de cuna que, con música de "A campá da Lua", han sido interpretadas por el grupo de cámara de Santiago de Compostela. ¿Cómo fue eso?
- Carlos Villanueva, director del grupo de cámara compostelano "In Itinere", se puso en contacto conmigo para que le buscara poemas de la literatura hispánica que armonizaran con su proyecto de canciones de cuna. En vez de presentarle trabajos ajenos, le envié mis propios poemas y decidió incorporarlos al proyecto componiéndoles una música maravillosa. Salió tan bien el disco que ya estamos embarcados en un nuevo proyecto.

- La poesía surge de la reflexión y de la emoción. ¿Y siempre "nace de un corazón limpio", como se ha dicho?
- Dudo que exista un corazón adulto "limpio," y menos el de la persona que escribe poemas. El corazón posible del poeta es un corazón alterado por los manejos raros de la vida, vilipendiado siempre por los aconteceres brutales de los sucesos propios y ajenos, exaltado también por la belleza. Es un corazón expuesto y vulnerable, embarrado como la poesía maravillosa, impura, de Pablo Neruda; sucio como los pies de los niños pobres en los poemas de Gabriela Mistral, manchado de imágenes rapaces como las angustiadas visiones de Federico García Lorca en Nueva York.

- ¿Ser poeta, en estos días, raya la temeridad?

- Raya la tontería, pienso, pero bajito para no molestar, o molestando igual. Siempre me pareció algo tonta la figura del Poeta en mayúsculas, torturado y ajeno al mundo pequeño de las cosas, afectado quizás. Es una imagen que tengo de gentes que se definen así que antes de ser persona se piensan "poetas". Yo nunca supe "ser" poeta. Yo soy y he sido muchas cosas: dependienta de pescadería, de pollería, estudiante, profesora, madre. etc. aunque también escribo y he escrito versos desde siempre. Soy parte de esa multitud de identidades. Pero en cualquier caso, no creo arriesgado escribir versos, pienso que hacerlo ahora en particular es un ejercicio necesario y de coherencia.

- Algunos hablan de la inutilidad de la poesía. Sin embargo, en estos tiempos, ¿no es más necesaria que nunca?
- Absolutamente necesaria. La poesía es un arma escandalosamente importante cargada de un presente directo y abrumador. La poesía debe ser, hoy por hoy, ese arma. La situación es tan brutal y tan frágil que precisa el compromiso de los versos para poderla abordar y revelarla, para llegar a comprometer también y en lo posible hacer intervenir. La poesía es necesaria, sin duda.

- Muchos abandonan España, y dan el capital humano de su formación y su talento a otros países. ¿Eso no es también, una forma de exilio cultural?
- Mi caso fue un exilio económico. Existencial. también. Lo que conseguí, culturalmente, en España fue a mordisco y muy poco. Francamente, mi situación en España distaba mucho de permitir el ejercicio de mi vocación y persona. Salí, como muchos españoles, forzada y con miedos. Sin duda, es una forma completa de exilio, con consecuencias por definir.

- ¿Es difícil identificarse con España. cuando campean los nacionalismos exacerbados, estando en el extranjero? ¿O sucede todo lo contrario?

- Pasa un tanto de las dos cosas. Uno se acoge a su identidad cultural como un salvavidas cuando habita en otro país, en particular si se trata de un país tan problemático como EE UU, y, al mismo tiempo, se va involucrando insospechadamente en la identidad cultural adoptada. Es un proceso sutil de mestizaje, no exento de angustia. Una ventaja posible es el distanciamiento, la relativización de lo que se considera inmutable, como los nacionalismos o visores estereotipadas del "otro". Tal distanciamiento quizás es una forma de liberación, pero también se mantiene el deseo empecinado de saberse parte de una conciencia y de un paladar. Yo siempre me he sentido zamorana, por ejemplo, a pesar de mi cobertura personal, y sigo sazonando los platos con ajo y pimentón. Pero también tengo el "ketchup" en la nevera.

- ¿Quien vela por la cultura del mundo hispánico en EE UU?

- Buena pregunta. Sospecho que los profesores de español tenemos, en particular, una lucha continúa por mantener el tema al día y así defender, claro, nuestros precarios puestos universitarios. Son precarios porque se siguen considerando secundarios y, con los recortes presupuestarios, se especula con frecuencia con la posibilidad de ser absorbidos por departamentos más grandes. También hay que distinguir entre estudios "hispánicos" e "hispanos." Los segundos, dedicados a las variantes de cultura hispana genuina de EE UU, reciben más atención y cobertura por razones obvias.

- El Instituto Cervantes: ¿sirve para algo, sirve para poco...? Alguien ha dicho, quizá exagerando que se ha reducido "a una academia de idiomas".

- Sirve de archivo y videoteca, que no deja de ser práctico. Si además sucede que habitas en el lugar de la institución, entonces tienes la oportunidad de acceder a una oferta cultural magnífica. Pero es verdad que se está poniendo muchísimo énfasis en los programas de idiomas. De hecho, en su página en la red, el Instituto Cervantes se define ahora en esos términos, enfatizando la enseñanza del español por encima de la tarea de difusión y de compromiso cultural .

- ¿Todavía hay mucho tópico sobre la cultura española en Norteamérica? ¿Qué se sabe, en verdad, de ella?

- En EE UU persiste mucho el tópico y el desconocimiento general, tanto sobre España como sobre otros países y culturas, incluyendo las propias del país. Es un tema difícil de solventar. Lo que se sabe de España es lo folclórico clásico: las castañuelas y la bata de lunares. Barcelona empieza a ser entendida en su peculiaridad arquitectónica, con énfasis en Gaudí. De Madrid no escapa el Guernica y el Prado, entre los cultivados. Los toros de San Fermín salen con frecuencia en los anuncios, con su marcada deuda a los relatos de Hemingway. La política española se ha ubicado un tanto también dada la propagada alianza de Aznar con Bush. Pero que seguimos estereotipados, sin duda. Como también lo son los estadounidenses para muchos españoles. Tampoco lo olvidemos. Nadie tiene la prerrogativa del esperpento.

- En Europa se cree que la cultura debe ser militante. En Norteamérica, ¿también?

- Menos. De hecho, pienso que no hay militancia cultural en absoluto. Lo cual no es del todo malo en mi opinión. En Europa se privilegia mucho la pose y la jerarquía del saber, hasta el punto de la intimidación. Aquí la gente está liberada de formas, ya sea en el vestir o en el conocer, aunque es verdad que se llega a la aberración por despreocupación absoluta. En cualquier caso, no dejo de sorprenderme y celebrar la curiosidad "desmilitarizada" de mis estudiantes que levantan sin inquietud la mano para hacerme la pregunta más absurda o más sublime, algo que no recuerdo posible en muchos contextos europeos. Pero la ignorancia, claro, es peligrosa, tanto aquí como en cualquier otro sitio.

- Dicen que la "banalización" ha impregnado la cultura en todo el mundo, y que sólo se salvan algunos lugares, como los campus americanos. ¿Qué le parece?

- Discrepo. Aquí seguimos el pulso global y somos tan banales dentro como fuera del campus universitario. Pero también pasa que intelectualizamos la banalidad a veces y la convertimos en materia académica. Prácticos que somos. También es verdad que ha habido momentos de profunda injerencia de la realidad y el compromiso, como la disidencia y la rebeldía expresadas principalmente en los campus universitarios contra las decisiones del gobierno actual, algo sobre lo que se ha contado muy poco fuera de EE UU.
«La literatura agranda nuestras vidas»

- Hispanismo e hispanistas en EE UU: en general, ¿gente voluntariosa y bienintencionada, pero poco más?

- Poquísimo más. No hay recursos, y a lo mejor también falta energía. Estamos desilusionados y perdidos. Nos encontramos en conferencias, y por ahí distraemos la nostalgia y damos salida a nuestra pasión por lo hispánico. No deja de ser un ejercicio autocontenido, en gran medida onanista.

- La cultura es, muchas veces, espectáculo.
- Definitivamente, hoy más que nunca. Siempre hemos vivido sobre un escenario, pero ahora estamos más expuestos. De hecho, no sólo la cultura, sino la intimidad del día a día se ha transformado en espectáculo en los medios de comunicación y electrónicos.

- En estos días, el idealismo -que ennoblece- cotiza a al baja. ¿Sólo sirve para hacernos más dignos? o poco más?
- Espero que más, mucho más. La dignidad no debería ser privatizada por el idealismo. Este debe seguir su función de revelación y acción colectiva. Y no creo que cotice a la baja hoy por hoy. Hay movimientos que están proclamando y denunciando, manifestándose abiertamente contra prácticas como la guerra en Irak, intercambiando firmas y opiniones a favor de los derechos humanos en medios abiertos como el internet. La ideología sigue movilizando y a veces triunfa, lo que es un alivio porque no sucede tantas veces que funcione.

- ¿La literatura no agranda nuestras vidas, pero como si lo hiciera?
- Yo pienso que la literatura agranda nuestras vidas, le da nuevas dimensiones y recovecos, descubre al individuo, le hace revelarse, a veces hasta rebelarse. Por eso es tan importante que prosiga su curso milenario. Que se siga haciendo y que yo, a mi vez, contribuya en mi pequeño modo. La literatura agranda nuestras vidas.


La Opinión de Zamora 25-04-2004 | http://www.laopiniondezamora.es/default.jsp